LA VUELTA: LAKE TAHOE, CRATER LAKE Y EL OFFROAD DE LA NF23

Con Yosemite ya en el retrovisor, tocaba iniciar la vuelta. Y la vuelta, lejos de ser un simple trayecto de regreso, nos regaló algunos de los paisajes más sorprendentes de todo el viaje — con Crater Lake National Park como gran protagonista — y un último día que nadie se esperaba.

Lake Tahoe: una inmensidad que no está ni en el top 10

Al día siguiente del descanso, salimos rumbo norte hacia Susanville, una ciudad pequeña donde pasaríamos la noche en una cabaña. Por el camino, cruzamos el lago Tahoe — una extensión de agua tan enorme que, nada más verla, nos pusimos a comprobar si era el lago más grande de Estados Unidos.

El Lake Tahoe era una manifestación de todo tipo de deportes acuáticos, impresionante verlos a todos juntos

No lo es. Ni siquiera entra en el top 10. Lo que sí es, en cambio, es el segundo más profundo del país, justo después del Crater Lake — que, casualidades de la vida, sería nuestra siguiente parada.

Y fue al hacer esta foto del lago cuando me paré durante unos segundos en el borde de la carretera. Nati y JP no tuvieron sitio para parar, así que siguieron despacio esperando a que los alcanzara.
Después de 13 kms, y pasar 5 o 6 túneles, yendo cada vez más rápido para juntarme con ellos, me llegó una llamada de JP preguntándome dénde estaba; me había pasado un desvío a la derecha, y por suerte había GPS en esa zona, ya que en la mayoría del viaje no hubo.
Volví a encontrarnos, ya que cada vez me alejaba más y más, y en esa distancia el mesh del casco ya no nos conectaba.

Crater Lake: el volcán dentro de un volcán

Esta parada fue un cambio de última hora de JP, que había oído hablar del lago y se empeñó en desviarnos hasta allí. Para mí era un completo desconocido. Y menudo desconocido resultó ser.

Crater Lake es impresionante. Menos mal que lo añadimos al viaje

Crater Lake National park es pura magia geológica. Un lago que nació dentro de un volcán, formado hace unos 7.700 años cuando el Monte Mazama colapsó sobre sí mismo tras una erupción brutal, dejando una caldera gigante que, con el paso de los siglos, se fue llenando únicamente de agua de lluvia y nieve derretida — sin ríos que entren ni que salgan de él.

Por eso su agua tiene ese azul intensísimo, casi irreal, y una transparencia que lo convierte en uno de los lagos más limpios y profundos de todo Estados Unidos — de hecho, el más profundo del país.

No hay ninguna posibilidad ni carretera de bajar al lago, y por eso está perfecto.

En medio del lago sobresale Wizard Island, un pequeño cono volcánico que le da todavía más aire de paisaje sacado de otro planeta. Paramos en distintos miradores para verlo desde varias perspectivas, y cada una parecía una postal distinta.

Tampoco olvido el momento en que pasamos cerca del Mt Hood, donde saqué esta foto con JP mirándolo hipnotizado.

Mt Hood: en una curva de pronto lo vimos, y luego unas curvas más adelante desapareció de nuestra vista

El puente de peaje de White Salmon

Antes de llegar al último día, pasamos por White Salmon, un pueblo ya en Washington, famoso por su salmón y por el río que lo atraviesa — que, cómo no, se llama igual: White Salmon.

De repente nos vimos cruzando un puente sobre el río por el que había que pagar peaje, de unos 1.300 metros de longitud.

Que horror de puente en White Salmon el pasarlo en moto, y encima tener que pagar por ello

Es un puente antiguo y bastante peculiar: se abrió al tráfico en diciembre de 1924, es de tipo celosía (deck-truss) con un tramo levadizo vertical, tiene carriles estrechísimos — de solo 2,8 metros — y una restricción de altura de 4,5 metros. Cruzarlo en moto, con la estructura de celosía moviéndose bajo las ruedas de un lado a otro, fue toda una experiencia. Y encima pagando peaje por circular por carriles del ancho de un pasillo — no terminamos de entender cómo sigue en pie con el tráfico actual.

Por lo visto ya hay un proyecto en marcha para sustituirlo por uno nuevo, más ancho y seguro. Cuando lo hagan, este quedará como pieza de museo — merecido, por otro lado.

Pararse en un pueblo, hacer la compra, preparar la barbacoa, un festín de alegría.

Por la noche nos quedábamos en airbnbs, que estaban en mitad del bosque, tipo rancho. Aquí preparando una barbacoa en mitad de la naturaleza.

La NF23: el día que JP se hizo offroader

Era el último día de viaje y tomamos la ruta que yo mismo había explorado a principios de 2026. JP, sobre la marcha, la modificó al final para entrar a Seattle atravesando el parque nacional de Mt Rainier.

Esta foto muestra como era la carrera, un bosque cerrado con una carretera con curvas en medio

Los primeros 100 km fueron de carretera estrecha, con curvas constantes, entre bosques que apenas dejaban pasar la luz. Íbamos disfrutando como en pocos tramos del viaje. Hasta que JP, que iba delante, vio un cartel: Las próximas 11 millas el pavimento puede variar.

Traducción real: 11 millas de tierra, sin más explicación.

Ahí tocaba decidir. Dos opciones: dar media vuelta y buscar otra ruta, con más de una hora de retraso asegurada; o meterse directamente en la tierra, sin saber si sería un gravel tranquilo o si habría “pozos” — la palabra argentina para esos baches profundos que te pueden tirar de la moto sin previo aviso.

Siendo el último día del viaje, y sin que se nos hubiera caído la moto ni una vez en 11 días, yo prefería no arriesgar y llegar entero. Pero a JP el offroad le llama como a los osos la comida de los turistas. Así que decidió pasar primero su Honda, volver a por la BMW, y hacerlo dos veces.

Las dos o tres primeras millas estaban llenas de pozos, y había que ir mirando por dónde pasar sin ninguna certeza. Nati y yo íbamos detrás de JP, viendo cómo esquivaba cada bache como si llevara toda la vida haciéndolo. Después, la pista mejoró y se convirtió en algo bastante más manejable.

Cuando volvimos a por la BMW, pasó algo que no esperábamos: JP fue notablemente más rápido con ella que con la Honda 300 Rally. Decía que se sentía más cómodo y notaba menos los baches. El caso es que completó las dos motos, y entre una cosa y otra, alargamos el día en hora y media más.

Después, la NF23 seguía asfaltada, pero en un estado bastante malo. En tres horas nos cruzamos con apenas unos cuantos coches, todos con una canoa en el techo — parecía un requisito no escrito para circular por ahí.

La carretera tenía pozos por todas partes, y hundimientos en los laterales marcados con pintura blanca — el problema es que solo los veías cuando ya estabas casi encima. JP me iba dictando por radio dónde pisar. Íbamos en segunda marcha, a 10 o 15 millas por hora, porque ir más rápido hubiera sido un suicidio. Y así, durante un buen rato.

Fue un día inolvidable, la NF23. Al final paramos en un sitio precioso a tomarnos, cómo no, unos expresos con la cafetera portátil — la mejor forma posible de cerrar una jornada así.

Mt Rainier: el gigante que vigila Seattle

Terminamos el viaje entrando en el parque nacional del Mt Rainier, que Nati y JP conocían de sobra. Paramos a tomar café en su hotel mientras recorríamos la carretera del parque que enlaza directamente con Seattle — otra preciosidad de trazado.

Es el gigante que vigila la ciudad desde la distancia: un volcán activo, aunque dormido, de casi 4.400 metros, que domina el horizonte de toda la región y que en días claros se ve perfectamente desde la propia Seattle, a más de una hora de distancia.

Es el pico más alto de toda la cordillera de las Cascadas y el más glaciado de todo Estados Unidos continental — más de 25 glaciares bajan por sus laderas —, lo que le da ese aspecto nevado casi todo el año, en contraste con los bosques de coníferas gigantes y los prados alpinos llenos de flores silvestres en verano, los famosos wildflower meadows de Paradise y Sunrise.

Mt Rainier, impresionante cuando lo ves así. El parque nacional es precioso con cafetería arriba donde acaba la carretera.

Al ser un volcán activo, el Servicio Geológico de Estados Unidos lo vigila de cerca como uno de los más peligrosos del país, precisamente por su cercanía a zonas pobladas. Esa mezcla de nieve eterna, bosque denso y la sensación de estar junto a algo que “podría” despertar en cualquier momento le da a Mt Rainier un punto de majestuosidad amenazante que se queda grabado.

Lo que más nos impactó del viaje

Para cerrar, algunas cosas que se nos quedaron especialmente grabadas:

  • El estado del asfalto y las carreteras, notablemente mejor que en España, incluso en tramos a más de 3.200 metros de altitud.
  • Fuimos en pleno agosto, con muchísima gente, pero al ser todo tan grande, apenas hubo colas en ningún sitio — salvo, curiosamente, para pedir una hamburguesa en Yosemite.
  • Tanto en Yosemite como en Mt Rainier nos llamó la atención la cantidad de árboles caídos o partidos por rayos que quedan dentro del bosque y junto a la carretera, sin que nadie los retire — un potencial combustible enorme en caso de incendio. Los rangers nos explicaron que ellos no tienen permitido quitarlos, así que ahí se quedan.
  • Lo limpio que estaba absolutamente todo, sin basura ni papeles por ningún lado.
  • Lo distinto que es conducir en moto en Europa frente a Estados Unidos: allí te ven y te respetan; aquí, simplemente, muchas veces no te ven. Hay que extremar la precaución, sobre todo porque el uso del intermitente parece opcional para buena parte de los conductores.
  • Y, finalmente, lo caro que está todo — hoteles, restaurantes, gasolina —, y eso que el dólar se ha devaluado frente al euro en el último año.

📍 Recursos y recomendaciones

  • No confiéis en encontrar gasolineras en las zonas rurales del interior camino de Oregón — repostad en cuanto veáis un surtidor, aunque el depósito esté a la mitad.
  • El Crater Lake National Park merece un desvío aunque no estuviera en el plan inicial — de los paisajes más singulares de todo el viaje.
  • Si vais en verano, los miradores alrededor de Crater Lake cambian mucho de perspectiva entre unos y otros — vale la pena parar en más de uno.
  • El Mt Rainier National Park es una parada perfecta para cerrar cualquier ruta que termine cerca de Seattle — la carretera del parque en sí ya merece el desvío.
  • Si os apetece un poco de offroad suave en moto grande, la NF23 (National Forest) es una experiencia memorable — id con neumáticos adecuados y sin prisa.

Hoteles del viaje (nota personal, del 1 al 10):

  • Garibaldi — The Hotel Garibaldi: 6/10
  • Gold Beach — Jot’s Resort: 6/10
  • Fort Bragg — Holiday Inn Express Fort Bragg: 2/10
  • Santa Cruz — The Inn at Pasatiempo: 8/10
  • Visalia — Wyndham Visalia: 7/10
  • Mariposa — Best Western Plus Yosemite: 7/10
  • Lee Vining — Lake View Lodge: 7/10
  • Westwood — Airbnb: 8/10
  • Crescent — Airbnb: 9/10
  • White Salmon — Airbnb: 9/10

Viaje en moto de Seattle a Yosemite — Serie completa

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