Yosemite: la grandiosidad

Después del calor de Visalia y el gigante que es el General Sherman, tocaba el plato fuerte del viaje: Yosemite National Park. Estuvimos dos días completos, y todavía siento que se quedó corto — aunque, para lo que es un viaje en moto con agenda apretada, dos días ya es un lujo.

Es necesario un día de descanso en estos viajes en moto de 8 o 10 horas en moto, tu cuerpo te lo agradece

La entrada por Mariposa y la subida a Lee Vining

El primer día salimos de Mariposa y tomamos la ruta 120, que atraviesa el parque de oeste a este de punta a punta. Nada más pasar El Capitan, la carretera empieza a subir en serio, camino de Lee Vining, donde nos alojaríamos las dos noches siguientes.

La entrada al parque desde Mariposa pasa por esta piedra o dolmen junto a su carretera estrecha, sin saber todavía lo que nos íbamos a encontrar.

Esta es la típica entrada al parque Yosemite por Mariposa, preciosa

Íbamos pasando donde veíamos la oportunidad, y claro sobre todo de ver algún oso. En Yellowstone vimos a una osa con sus tres oseznos, y aquí nos habían dicho que había osos también.

La carretera es preciosa y está en buenas condiciones, excepto cuando subes a 9000 pies que ahí es peor.

La subida es un espectáculo en sí misma: hasta los 9.000 pies, unos 3.000 metros, sientes cómo el aire se enfría a medida que atraviesas bosques cerrados, pasas junto a lagos donde seguramente había osos dándose un baño tranquilamente, y la carretera se estrecha y se llena de curvas justo antes de llegar a Lee Vining, que está a unos 2.000 metros de altitud, al que accedimos por un valle estrecho con una carretera que bajaba bastante empinada.

Entre tanto, Nati era la que se leía todo del los parques y la qué en realidad nos decía que hacer. Siempre hace falta alguna persona que te lo dé “hecho”
Daba igual donde te pararas, los paisajes eran preciosos.

Siempre hace falta un guía en el viaje, Nati era la nuestra

A unos 5 km del hotel empezó a llover, así que paramos a ponernos los chubasqueros y seguimos despacio hasta llegar. Nada más entrar por la puerta, nos contaron que acababa de terminar una granizada tremenda, con piedras del tamaño de pelotas de ping-pong. Nos habíamos salvado por los pelos — cinco minutos de diferencia entre mojarse un poco y necesitar un casco dentro del casco.

Lee Vining: un pueblo del tamaño de un suspiro

Lee Vining es diminuto. Un par de restaurantes donde haces cola para pedir y luego te comes lo que sea en cestas que te dan, en mesas cubiertas al aire libre; un sitio de hamburguesas con servicio rápido y precio decente; un par de tiendas. Y ya. Pero cuando tienes Yosemite a un lado y el Mono Lake al otro, no hace falta mucho más; ah, sí, las puestas de sol, claro.

Las puestas de sol nos acompañaron durante todo el viaje, daba igual donde estuvieras, en el pacífico o en los parques Nacionales

El Capitan, Half Dome y un valle tallado por el hielo

El Capitan, imponente, majestuoso con sus 914 metros de pared recta a 2300 m de altitud

Fue en Yosemite donde nos tomamos el único día de descanso de todo el viaje, algo que recomiendo sin dudarlo en cualquier ruta de jornadas de 8 horas diarias sobre la moto. Cogimos una casa familiar en Lee Vining, en la salida este del parque — desde donde, además, podríamos enlazar directamente la vuelta a Seattle. Con el coche a nuestra disposición ese día, nos vestimos de paisano (es un decir, casi íbamos en chanclas) y fuimos a ver de cerca El Capitan y el Half Dome.

El Half Dome es un domo granítico situado en el extremo oriental del valle de Yosemite en California, siendo probablemente la imagen más famosa del Parque nacional de Yosemite. La cresta granítica se alza 1440 metros por encima del nivel base del valle.

La naturaleza en Yosemite no tiene término medio. El Capitan y el Half Dome dominan el paisaje como dos guardianes de piedra, con cascadas que parecen caer directamente del cielo, sobre un valle glaciar esculpido durante millones de años. Entrar ahí, literalmente, deja sin palabras — no es una frase hecha, es lo que pasa.

La Cascada famosa del Parque, de 714 me de longitud. Suele secarse en verano, pero tuvimos suerte, la vimos casi en su plenitud.

Nada como ir de viaje con buenos amigos

Nada cómo ir de viaje con buenos amigos

El museo, los rangers y los osos

Aprovechamos también para visitar el museo del parque — un pequeño teatro donde cuentan la historia de quienes empezaron a dar forma a la idea de Yosemite como espacio protegido. Tuvimos, además, un encuentro con los rangers, donde explicaban la evolución del parque en relación con sus osos. Las actividades con rangers se suceden durante todo el día, y merece la pena parar en alguna, durante 1h que es la duración de cada sesión con ellos.

Vimos a los osos en Yosemite, como también lo hicimos en Yellowstone, aunque la foto Sole se aprecia la mitad de su cuerpo

Y claro, cuando entramos al parque vimos una camioneta parada, con la gente dentro mirando fijamente hacia los árboles y señalándonos lo que se movía entre ellos. Estaba a unos 30 o 40 metros de nosotros, como si no existiéramos. Solo pudimos ver la mitad de su cuerpo, porque estaba escondido entre los árboles, pero, como en Yellowstone, volvimos a ver un oso.

No vimos a nadie escalando El Capitan ese día — sí vimos, en cambio, dónde acampan quienes lo intentan, en tiendas al pie de la pared. Por lo que fuera, esa jornada no había nadie colgado de la roca. Una pena, porque ver a alguien ahí arriba, minúsculo contra esa pared vertical, es de las postales que uno se lleva grabadas.

Pero JP tenía unas fotos del año pasado, cuando sí vio a escaladores en la pared, así que os dejo estas dos fotos para que veáis la inmensidad de lo que escalan.

Los árboles caídos: la gasolinera que nadie retira

Una cosa nos llamó la atención en Yosemite, y que se repetiría más adelante en Mt Rainier: la cantidad enorme de árboles caídos o partidos por rayos que quedan tirados dentro del bosque y junto a la carretera, sin que nadie los retire. Visto con calma, no deja de ser inquietante — todo ese material seco es, en la práctica, una gasolinera esperando una chispa. Preguntamos a los rangers y nos explicaron que, sencillamente, no tienen permitido quitarlos del monte. Así que ahí se quedan, año tras año.

Al final te quedas con eso: lo inmenso que es el parque, y lo pequeño que te sientes tú dentro de él. Las fotos, sinceramente, hablan mucho mejor que cualquier párrafo que yo pueda escribir aquí.

📍 Recursos y recomendaciones

  • Reservad alojamiento en Lee Vining o Mariposa con bastante antelación si vais en agosto — las opciones son limitadas y se llenan rápido.
  • Reservad al menos un día de descanso dentro del parque si vais en moto y hacéis etapas largas — se agradece, y da tiempo a ver el parque despacio, no solo de paso.
  • Las charlas y actividades con los rangers del NPS están incluidas en la entrada del parque y merecen la pena, sobre todo si viajáis con tiempo.
  • Si el tiempo lo permite, id a ver de cerca la base de El Capitan — con suerte veréis a alguien escalando, algo que impresiona más en vivo que en cualquier foto.

Viaje en moto de Seattle a Yosemite — Serie completa

1 comentario en “Yosemite: la grandiosidad”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *