Después de aceptar el desvío por el interior debido al incendio en Big Sur, tocaba girar definitivamente al este, dejar la costa atrás y encarar Visalia, la población desde la que se accede a Sequoia National Park y sus secuoyas gigantes. Y ahí empezó otro capítulo del viaje, bien distinto al de los días anteriores.
El calor insoportable
Durante ese trayecto de unas 5 horas, pasamos de los 13-14°C de la costa a los 40°C sin transición ninguna — y esa temperatura nos acompañaría hasta llegar a Visalia. No hubo forma de escapar de ella.
Lo raro es que la lógica se invierte por completo respecto a lo que uno esperaría. Normalmente, en las montañas hace más frío que en la costa. En el Pacífico es justo al revés: en altura, calor; en la costa, fresco. Cuesta acostumbrarse.
Ir a 37-40°C durante dos o tres horas seguidas en moto no es algo que le recomiende a nadie. Nati llevaba electrolitos en el coche, y parábamos cada 45 minutos a beber agua como si no hubiera un mañana — porque, aunque el cuerpo no siempre lo pide con la urgencia que debería, hay que forzarlo. Fuimos disciplinados, y salió bien.
Caravanas del tamaño de una casa
Una de las cosas más impresionantes de la carretera americana son las caravanas. Algunas se despliegan por los cuatro costados, ganando metros cuadrados de dormitorio con solo apretar un botón. Otras eran del tipo torpedo, redondeadas, con un aire retro precioso.

Pero lo más difícil de creer, sin duda, eran los autobuses enormes que llevaban detrás, enganchado, un Jeep Wrangler entero. Hay que verlo para creérselo — un autobús remolcando un coche como quien remolca una bicicleta.
Gasolina: cara, escasa, y un juego de nervios
Hicimos números con la gasolina de 92 octanos, la que le poníamos a las motos. En los últimos 5 años había subido un 60% en Estados Unidos y un 40% en Europa. El litro de 92 estaba a 1,4 dólares — una barbaridad para los estándares americanos.
La BMW tenía más autonomía que la Honda, y hay una foto de JP celebrando como si hubiera ganado una carrera, después de llegar con 0 km de autonomía a una gasolinera con un único surtidor. Fue la vez que más cerca estuvimos de quedarnos tirados — más de 100 km sin ver un solo punto donde repostar.

Mientras JP respiraba tranquilo con el depósito ya lleno, yo entré a pagar y me encontré charlando con el dependiente, un hombre de origen indio.
— ¿De dónde eres? — me preguntó.
— Español — le dije. — ¿Y tú, eres indio-americano o americano de origen indio?
— Indio americano. Pero voy todos los años a la India, a ver a la familia.Le conté que yo también iba a ir este año — a Assam, un estado al norte de la India, pegado a Bangladés, que hace frontera con Bután. Un viaje en moto por toda esa zona que roza China y Bután.
Su cara cambió por completo.
— Pero hombre, ¿cómo vas a ir ahí? Eso es muy peligroso. ¿Estás seguro?
— Sí, sí — le dije, entre risas —. He seguido a una motera que ha hecho la ruta, las fotos son impresionantes, a tres o cuatro mil metros. Vamos en diciembre.
— ¿En diciembre? ¿Cómo se te ocurre? Y encima tienes que ir mirando por encima del hombro todo el rato, que eso no es nada seguro.Le pregunté si él había estado alguna vez allí.
— No. Nunca he ido, y nunca iré. Ni dejaría que nadie de mi familia fuera. No es un sitio seguro.
Al final se relajó un poco y admitió que, si íbamos en grupo, mejor que mejor — pero que tuviera mucho cuidado. Yo me quedé con la sonrisa puesta el resto del día: el típico caso del que nunca ha ido a un sitio pero tiene clarísimo lo peligroso que es.
Ah, y también encontramos surtidores a precios disparados, como este a 10,41 dólares por galón, la de 91 octanos, en vez de los 5,5 a 6 dólares por galón que fue la referencia del viaje; cuando fuimos a echar vimos el precio y seguimos de largo: free market, si la quieres la pagas y si no la dejas, y nosotros la dejamos.

Siguiendo el viaje, después de esta parada salvadora de la gasolina, nos surgió la pregunta que nos acompañaría el resto del viaje: ¿qué hacen los ranchos de esas zonas tan aisladas? ¿Tendrán depósitos propios de reserva? Porque las distancias hasta la gasolinera más cercana son considerables, y no parece un problema menor.
Harley, Harley y más Harley
Íbamos a contracorriente, porque en Estados Unidos la moto reina, con diferencia, es la Harley-Davidson. Nos cruzamos con dos grupos distintos en un mismo hotel.

Uno iba con coche de apoyo, mecánico, conductor y una camioneta para el equipaje — el grupo de las chopper, todas iguales, todas de colores a juego. Me senté en una para probar, y la postura no se puede describir de otra forma que “extraña”: vas prácticamente sentado en el suelo, con los brazos totalmente estirados hacia el manillar.

El otro grupo iba por libre, también en Harleys pero de tipo carretera, muy bien equipados. A cada uno su moto y su estilo — lo importante, al final, es disfrutar yendo sobre dos ruedas, sea cual sea la marca. Eso sí, BMWs vimos pocas, y Ducatis todavía menos. Fuimos la excepción casi todo el viaje.
El General Sherman Tree
Tras hacer noche en Visalia, con los 40°C todavía pegados a la piel, llegamos al parque de las secuoyas gigantes. Aparcamos las motos y fuimos andando a ver la que dicen que es el árbol más grande del mundo — salvo alguna otra, de la que se desconoce su ubicación exacta —, el mítico General Sherman.
Hace falta ponerse al lado para entender de verdad la magnitud de estos árboles. Ninguna foto sin referencia humana le hace justicia.

¿Sabíais que las piñas de secuoya están selladas con resina y necesitan el fuego para abrirse y liberar las semillas? Sin llamas, la piña puede quedarse cerrada en el árbol durante años, y sin esa apertura no hay regeneración del bosque. Entender esto ha cambiado la forma de gestionar el parque: ahora se provocan quemas controladas a propósito, para mantener vivo el ciclo de reproducción de estos gigantes.
📍 Recursos y recomendaciones
- Si cruzáis del Pacífico hacia el interior en verano, preparaos para un salto térmico brutal — llevad agua y electrolitos, y parad cada 40-45 minutos aunque no tengáis sed.
- El Sequoia National Park y el General Sherman Tree están a poco más de una hora de Visalia — parada obligatoria si vais camino de Yosemite.
- Repostad siempre que podáis en esta zona; las gasolineras escasean y los precios varían muchísimo de un pueblo a otro.
Viaje en moto de Seattle a Yosemite — Serie completa
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Increíble y muy bello!