2023 Marruecos, DIA 4, SEPTIEMBRE 25
De Fes a Tánger: carreteras “P”, un atasco dantesco y el mejor restaurante de pescado que no sabías que existía
“Actualizado en mayo de 2026 con nueva información sobre la preparación del viaje.”
El plan original era ir al desierto de Merzouga, volver por el Atlas y llegar a Tánger. Pero las carreteras sin pavimentar del sur y el terremoto lo descartaron. Así que fuimos directos de Fes a Tánger por la carretera de montaña. 282 kilómetros y unas cinco horas de moto.
Sonaba razonable. Y lo fue, hasta que llegamos a Tánger.
Las carreteras “P”: lección aprendida en Marruecos
Ya lo habíamos aprendido en el camino a Chefchaouen: las carreteras con letra “P” son muy, muy locales. Asfaltadas, sí, pero con un detalle importante — si te sales del asfalto, no vuelves a entrar. El arcén no existe. A un lado está la carretera; al otro, lo que haya, que en algunos tramos era bastante definitivo.
Los coches que nos cruzábamos iban como mucho a sesenta por hora. No solo por las curvas, sino porque el estado de muchos de sus automóviles no daba para más. Cuando aparecía uno, parábamos, dejábamos que pasara como pudiera, y seguíamos. Sin dramas.
LLo que sí da un poco de gracia es pensar en quedarte tirado en una de esas “P”, con el viento soplando y el desierto a los lados. Los coches que pasaban seguro que hubieran parado a ayudar — la gente en Marruecos es así. Otra cosa hubieran sido las BMW, que no son precisamente fáciles de arreglar en el arcén de una carretera sin arcén.
Más adelante tomamos la nacional, y desde ahí todo fue más rodado hasta Tánger.
Por el camino, granadas. En puestos a pie de carretera, por todas partes, en todos los rincones de Marruecos donde había alguien dispuesto a vender algo. Las granadas son las reinas de los puestos de carretera marroquíes.
Tánger: bienvenidos al caos
La entrada en Tánger fue, sin rodeos, diabólica.
Nos metimos en la calle principal y nos quedamos clavados. Sin movernos. Las motos al ralentí, el calor apretando, y delante un nudo de tráfico que no avanzaba. El problema era una rotonda atascada por todos los lados — porque en Tánger, como en buena parte de Marruecos, las normas de circulación son más una sugerencia que una obligación. Nadie cede, nadie espera, y el resultado es que no se mueve nadie.
Entonces apareció un policía. Venía por el carril contrario — que también estaba prohibido, pero eso era lo de menos — y rezamos para que se pusiera a dirigir el tráfico. Y lo hizo. Se plantó en medio de la rotonda y en diez minutos aquello empezó a moverse.No sé lo que hubiéramos hecho sin él. Probablemente seguiríamos ahí.
El Grand Hotel de France y la cena que lo cambió todo
Llegamos al Grand Hotel de France — ya un hotel de verdad, después de los Riads — y nos enrollamos con uno de los de recepción. Miguel le preguntó dónde comer pescado estilo marroquí, y sin dudarlo nos dio una dirección a pocos minutos andando.
El restaurante se llamaba Saveur du Poison. Lo tienen en Facebook, que es lo que tienen, y hay otro link con el menú que merece la pena ver. Sin reservas. Abrían a las siete de la tarde.
Yo había llamado antes para preguntar si servían vino. Me confirmaron que sí.
— Guay — pensé.Spoiler: no había vino
25 euros, 45 minutos y las botas puestas
La mesa era de madera simple con hule de plástico de los de toda la vida — de esos que ya casi no se ven — y un papelito rectangular encima para que quedara mono.

Sin que nadie lo pidiera, apareció un plato de aceitunas negras marroquíes — especialmente buenas, de las que no tienen nada que ver con las de bolsa del supermercado — y una salsa roja picante con pan. Mientras le dábamos a eso, llegó un tipo con dos vasos anchos con sopa de pescado dentro y una cuchara de madera. Sin preguntar.
De beber: todos tenían el mismo vaso con un zumo de color violeta. Higos. Solo había eso. Si te lo terminabas te ponían más. Sin carta, sin elección, sin complicaciones.
Mirábamos a las otras mesas para saber qué venía a continuación — porque todos cenábamos lo mismo. Y lo que vino fue un plato de barro en el centro de la mesa con el pescado que había dado la sopa, aderezado con especias. Tenedores de madera, sin platos individuales, todos a coger del centro. Estaba bueno no — estaba buenísimo.

Entre tanto, veíamos a algunos del lugar que venían con ánforas llenas de sopa de pescado, super tradicional.

Luego llegó un san pedro. Miguel llevaba días suspirando por comer uno, y al verlo se le iluminó la cara. Junto con unos pinchos de tiburón, que tenían un sabor fuerte y muy particular. Y de postre, almendras con miel y granadas con un zumo de grosellas.

Finalmente, llegó el postre de almendras con miel y luego unas granadas con un zumo rico con grosellas.

Todo en cuarenta y cinco minutos. Todo sin pensar ni pedir nada. Veinticinco euros por persona. Y cuando salimos, había gente esperando en la puerta para entrar.
Una experiencia inolvidable, de las que no se planifican.
La terraza del hotel y el madrugón
Anduvimos un poco, tomamos algo en la terraza del hotel — noche fresca, jersey necesario, vistas espectaculares — y nos fuimos pronto a la cama.
El motivo: al cambiar el viaje por el terremoto, también cambié el ferry de vuelta. Lo saqué a las ocho y cuarto de la mañana, sin saber muy bien dónde estaba Tánger Med. Miguel me explicó, con la paciencia que le caracteriza, que el puerto estaba a una hora del hotel. Nos levantaríamos a las cinco y cuarenta y cinco. El hotel nos subió el desayuno a la habitación.
Antes de dormir, preguntamos en recepción si era mejor ir por la autopista o por la carretera de la costa.
— La carretera de la costa — dijo el recepcionista.
— ¿Y la autopista? — pregunté, enseñándole Google Maps.
— No sabía que había una autopista.
Fuimos por la costa.
Recursos y recomendaciones
Saveur du Poison, Tánger — sin reservas, abre a las 19h, llega puntual. 25€ por persona y te ponen las botas.
Grand Hotel de France, Tánger — clásico, bien situado, con terraza para terminar la noche.
Ferry Tánger Med — Algeciras — el puerto está a una hora de Tánger ciudad. No cometas mi error con los horarios.
Carreteras P en Marruecos — úsalas con precaución. Sin arcén, sin margen de error, con mucho encanto.
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