EL MAESTRAZGO

Logo de The Silent Route, en el Maestrazgo Aragonés

21 de Marzo de 2026

El Maestrazgo. Ya la palabra suena a algo que se ha quedado fuera del tiempo. Y no es casualidad; estas tierras pertenecían a la Orden del Temple allá por el siglo XIII, y Cantavieja y Mirambel eran sus núcleos de poder. Templarios, castillos, secretos medievales … y yo con la moto aparcada en el garaje.

Aquí hay un poco mas de información al respecto.

La ruta que seguí la tenéis aquí en el mapa, incluyendo los 63 kilómetros que forman la llamada Ruta del Silencio, y os aseguro que el nombre no es marketing; un sábado de marzo y me encontré con más cuervos que coches.

Salí con esa mezcla de pereza y ganas que solo se entiende cuando tienes una moto esperándote abajo. Catorce grados, el sol justo para no quejarse, y la A-1401 por delante prometiendo curvas.

Pasé por Letux, el pueblo de un amigo mío. Me hice la foto de rigor junto al cartel —de esas fotos que sirven exactamente para una cosa … mandarla por WhatsApp con un “mira dónde estoy”— y seguí ruta. Kilómetros después, cuando ya estaba por Albalate del Arzobispo, con el sol calentando el casco, me llama él. Que estaba en el pueblo. Que por qué no volvía. Que nos tomábamos algo. Una verdadera pena, no lo esperaba, pero yo no podía volver, tenía que seguir ruta.

Parando en Letux, el pueblo de un buen amigo mio, yendo a Albalate del Arzobispo y al Maestrazgo
Parando en Letux, la tierra de un buen amigo

Antes de llegar al Maestrazgo propiamente dicho, la carretera te regala un espectáculo que no pides pero que agradeces, los molinos de viento. No son los de Don Quijote —esos son simpáticos y blancos. Estos son otra cosa. Gigantes de acero con aspas que rozan los 85 metros. Ese día estaban parados, en silencio, como si también ellos fueran parte de la Ruta. Majestuosos, aunque un poco intimidantes. Los observé un momento desde la moto, sin apagar el motor, que es la forma motera de decir que algo impresiona … pero no tanto como para quitarse el casco.

Los molinos que, en aragón por su viento, están por todos los lados, cerca de Belchite
Los molinos que, en aragón por su viento, están por todos los lados

Un poco más adelante apareció el Santuario de Nuestra Señora del Pueyo. Subí. Estaba cerrado. Tiene esa arquitectura entre barroca y mudéjar que te hace lamentar no poder entrar. El día anterior subiendo al Santuario de Nuestra Señora del Moncayo, vi un cartel que resumía, con brutal honestidad, el estado del patrimonio rural: “Ya han robado. No hay nada más que llevarse.” Parece broma. No lo es.

Cerca de Belchite direction El Maestrazgo, te encuentras con iglesias y santuarios como la de nuestra señora del Pueyo, que suelen estar cerradas
Como muchas iglesias y santuarios, la de Nuestra Señora del Pueyo también estaba cerrada, aunque se puede visitar los domingos

La A-1401 y la A-1402 dirección Alloza son de esas carreteras que no aparecen en ninguna lista de “mejores rutas en moto” y deberían. Asfalto perfecto, curvas con criterio, paisaje que cambia cada dos minutos y, lo más importante, nadie. Solo tú, el motor y las encinas. A catorce grados con el sol de cara, eso es suficiente.

Me gusta ver la trazada de la carretera, subiendo  poco a poco, yendo a Alloza en el Maestrazgo
Me gusta ver la trazada de la carretera, subiendo poco a poco

En Alloza no puedes ignorar la Iglesia de la Purísima Concepción. No porque lo diga ninguna guía, sino porque está ahí plantada en medio del pueblo mirándote fijo, como diciéndote “para, fotografíame”. Paré. La fotografié. Seguí.

Fue después, siguiendo la ruta, cuando vi la primera indicación de la Ruta del Silencio, esta vez en inglés, yendo por el puerto de la Loma del Ejulve. Desafortunadamente, no vi a ninguna roulotte ni coche con matricula extranjera, pero ahí están, para cuando pasen.

La Ruta del Silencio o The Silente Route, la ruta que está en Teruel con sus 63 kms, en el Maestrazgo
La Ruta del Silencio o The Silente Route, la ruta que está en Teruel con sus 63 kms

Después llegó uno de los momentos del día – el Puerto Cuarto Pelado y su mirador. Este sitio tiene fama entre moteros, y cuando llegas entiendes por qué.

La cabra es la seña de identidad de la Ruta del Silencio, ya que representa la esencia, la fauna y el espíritu indómito de las montañas del Maestrazgo.

Uno de los logos de The Silente Route; tuve suerte, no había nadie al hacer la foto, en el Maestrazgo
Uno de los logos de The Silente Route; tuve suerte, no había nadie al hacer la foto.

Os comento el gran debate que divide a la comunidad motera en dos bandos irreconciliables.

Los pro-sticker – hay que dejar el sticker en el cartel del puerto. Es tradición. Es identidad. Es dejar huella.

Los anti-sticker – es una salvajada. Destroza el paisaje. Somos mejores que eso.

Aquí, alguien encontró la solución diplomática perfecta. Unos carteles donde dejar los stickers pegados, dejando a la cabra con total dignidad. Todos contentos.

¿Dónde dejar los post its o stickers? Genial idea, y unos de los puntos moteros de The Silent Route en el Maestrazgo
¿Dónde dejar los post its o stickers? Genial idea

No había ninguna moto cuando llegué. Ninguna cuando me fui. La soledad absoluta del Maestrazgo en estado puro.

Los Órganos de Montoro merecen que pares el motor, te bajes de la moto, y te quites el casco quedándote quieto unos minutos. Son formaciones rocosas verticales que parecen sacadas de otro planeta, o de una película de ciencia ficción con presupuesto bajo pero buenas ideas. Leí el panel informativo. Me parecieron inigualables.

Los órganos de Montoro, con su pequeño espacio para aparcar la moto y regalarte con su vista, entre Villarluengo y Ejulve, en el Maestrazgo
Los órganos de Montoro, con su pequeño espacio para aparcar la moto y regalarte con su vista

Luego llegó Tronchón, y llegó por accidente, que son los mejores sitios.

Vi el desvío. 18 kilómetros hasta el pueblo. Me lo imaginé con una carretera casi de pista de tierra, con baches y pozos profundos, con cabras en la carretera. Lo que encontré fueron 14 kilómetros de asfalto impecable, con subidas, bajadas y curvas de las que te hacen reducir marcha no porque haga falta, sino para que duren más. Los últimos 4 kilómetros sí eran lo que esperaba. Pero para entonces ya veía el pueblo en el horizonte y no importaba.

Tronchón tiene una taberna. Una. Y es suficiente.

Lo fundamental, el queso que llegaba, la gorra y la cocacola pero en Tronchón, en el Maestrazgo
Lo fundamental, el queso que llegaba, la gorra y la cocacola pero en Tronchón

Pedí el queso del que todo el mundo habla y me pusieron también unas aceitunas verdes de la zona. No me las esperaba. Fueron lo mejor del día. Salí fuera con el plato a la terraza o calle, porque el tiempo acompañaba, y no tardaron en aparecer dos tipos de un grupo de moteros que estaban comiendo dentro. Ocho o diez, todos con BMW, todos mirando la 1300 GS como si fuera un animal raro.

—¿Es semi-automática? —Sí. —¿Y cómo va? —Muy bien. Aunque de vez en cuando echo de menos el embrague.

Mentira. No lo echo de menos para nada.

Ya con el plato completo ! en el único bar de Tronchón
Ya con el plato completo !

Saliendo de Tronchón, la A-226 te lleva hacia Mirambel y Cantavieja. No entré a ninguno de los dos —el tiempo apretaba y Teruel esperaba— pero Cantavieja no necesita que entres: está literalmente colgado en la montaña, y desde la carretera ya es un espectáculo verlo desde la moto. Uno de esos pueblos que parecen desafiar la gravedad y el siglo XXI al mismo tiempo.

Me quedó pendiente la Ruta de los Túneles de Pitarque. El desvío a Tronchón me comió el tiempo y tuve que elegir. La haré la próxima vez. Porque volveré.

El Maestrazgo es de esos sitios que no te sueltan del todo. Te vas con la sensación de haber visto mucho y de que queda más. De que hay pueblos al final de rutas que no has tomado, miradores que no has encontrado, bares con una sola mesa donde seguramente hay alguien con una historia buena.

Antes de acabar el blog, quiero dejar unas fotos de la Torre del Salvador en Teruel (interesante la lectura de este link para los. amantes del mudéjar). Mudéjar puro. De esas cosas que ves y piensas que el siglo XIV, para algunas cosas, nos ganaba por goleada.

Terual y su mudéjar, con la Torre del Salvador
Terual y su mudéjar,



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