“Actualizado en mayo de 2026 con nueva información sobre la preparación del viaje.”
De Medjugorje a Zaragoza: 9 kilómetros de miseria, un Galibier inesperado y 400 metros que casi queman el embrague
Salí de Medjugorje el domingo 22 de junio sobre las siete y media de la mañana. Lo que había vivido allí se queda conmigo. Lo que vino después — las carreteras, los hoteles, los imprevistos, una pareja de 81 años cenando en los Alpes y un camino de piedras que no debería haber subido nunca — eso os lo cuento todo.

Domingo 22 — Medjugorje a Pansion Bijela Ruza: la carretera 62 y los 9 kilómetros de pura miseria
466 kilómetros, nueve horas en realidad. Los bosnios te dejan salir sin pararte. Al entrar en Croacia vuelven a mirar el pasaporte — esta vez sin militares visibles. Al coche de delante, con matrícula suiza de Lucerna pero conductor de pinta local, lo miraron por todos los lados. Supongo que el pasaporte y la cara no cuadraban. Yo pasé sin problema.
Se me ocurrió tomar la carretera 62 para cruzar la frontera. Tenía buena pinta en el mapa. En el mapa. Lo que encontré fue una carretera de los tiempos yugoslavos por la que no pasaba absolutamente nadie, con una subida importante y curvas de 180 grados que no eran para una Tiger 900 cargada con equipaje. Decidí dar la vuelta — pero la carretera era tan estrecha y no dejaba de subir que no encontré sitio para hacerlo. Cuando llegue arriba daré la vuelta, pensé. Llegué arriba. La carretera se estrechó aún más y empezó a bajar con las mismas curvas de 180 grados, igual de empinada. Me la tragué entera. Nueve kilómetros de pura miseria. Menos mal que todo fue bien.

Cambié el plan inmediatamente: autopista durante 60 kilómetros para quitarme de encima el trauma de la carretera 62. Desde ahí fui a Sinj y tomé la carretera hacia Knin, marcada en el Michelin en verde — de las buenas. Y tenía razón el Michelin: lagos, asfalto en buen estado, silencio. Una maravilla motera que compensó la mañana.

Después de Knin, a 153 kilómetros de Zagreb, volvió el tráfico intenso. Coches que no adelantaban, una cola de kilómetros, y yo pasando motos hasta que me di cuenta de que la cola no tenía fin y que tampoco tenía mucho sentido. Eso lo entiendes después de un rato, claro.

El momento más peligroso del día: iba detrás de una furgoneta con el cristal trasero tintado. El coche de delante se metió a la derecha sin indicar nada — en Croacia los intermitentes son un accesorio decorativo que la mayoría prefiere no usar — y la furgoneta frenó en seco. Me fui al carril izquierdo para no chocarme. Me pasó dos veces. Peligroso de verdad. Dicho esto, y hay que decirlo todo: no vi ni un solo accidente en Croacia. Ni uno. Conducen sin normas entre ellos, pero se entienden.


La Pansion Bijela Ruza fue toda una sorpresa: terraza, restaurante, habitación pequeña con baño y aire acondicionado, aparcamiento. Todo por 58 euros. La dueña hablaba inglés perfecto. Cené el último a las siete y media, cuando la temperatura por fin bajaba y empezaba a hacer fresco. Perfecto.


El menú lo decía todo, y el ciervo estaba exquisito.

Cuando les pregunté si tenían aparcamiento al hacer la reserva, hace ya meses de esto, me contestaron que por aquí no pasaba nadie, que veían a poca gente, que estaban aislados y que no preocupara, y así fue.

Lunes 23 — Croacia a Sandrá: el Lago di Garda y mi sobrina
467 kilómetros, ocho horas en realidad.Este día tocaba autopista — entre Zagreb e Italia no hay carreteras interesantes para moto, y quería llegar pronto porque en Sandrá, al lado de Castelnuovo del Garda, vive una sobrina mía. Pasamos la tarde juntos y cenamos con su familia. El Lago di Garda desde allí es muy bonito — uno de esos paisajes que justifican el desvío.

El hotel fue correcto pero con sus peculiaridades. El aire acondicionado no conseguía bajar de 25,5 grados — dormí con él puesto toda la noche, que es exactamente lo contrario de lo que uno quiere. Buffet de desayuno con cuerda — literalmente una cuerda para que no tocaras nada — y una señorita que te ponía en una bandeja lo que ibas señalando. Protocolo pandémico que seguía vigente en junio de 2025, aparentemente.
Pero el momento del día fue el aparcamiento. Lleno de piedrecillas de esas donde la pata de la moto se hunde sola. Estuve probando cuatro sitios distintos hasta encontrar uno que aguantaba. Todo esto mientras un señor y dos mujeres del jardín me observaban en silencio con interés creciente.Cuando por fin conseguí estabilizar la moto, fui a recepción a pedir un trozo de madera para la pata de cabra. Fue entonces cuando el señor del jardín se levantó. Llevaba todo ese rato mirándome — y resultó ser el dueño. Lo había visto todo. Sin decir nada. Sin ofrecerse. Solo observando.
La cena con la familia fue deliciosa, en una terraza con brisa. Eso sí que compensó todo.
Martes 24 — Sandrá a La Pierre d’Oran: el Galibier de regalo
Dos mapas esta vez, uno por la autopista hasta cerca de Turin y el otro por los grandes puertos de los Alpes.
470 kilómetros, ocho horas y media en realidad.Tocaba volver a uno de mis B&B favoritos — La Pierre d’Oran, cerca de L’Argentière, cerca de Briançon en Francia.

Salí por autopista hasta cerca del Montgenèvre, el paso entre Italia y Francia. Y entonces me di cuenta de que el Col du Galibier estaba a una hora. Y que podía hacerlo.



Me metí por la carretera al Col du Lautaret y de ahí al Galibier, subiendo hasta el refugio de la cima sin pasar por el túnel. No me pareció tan exigente como otras veces — pero las últimas dos curvas antes de la cima son alucinantes y hay que hacerlas con técnica y respeto. Son de nota.


El B&B había cambiado de dueño desde mi última visita. Perrine, la nueva dueña, fue encantadora — me dieron la misma habitación de siempre y estuvimos hablando durante una hora mientras preparaba la cena.Los B&B tienen esa ventaja: cenas con los dueños y con los otros huéspedes. Esa noche había una pareja — Alain y su mujer, 81 años, 58 casados. Alain estaba en una forma física que daba envidia. Al día siguiente se levantó a las seis de la mañana para hacer una marcha de cinco horas por las montañas con un amigo.Durante la cena contaba historias de su época con una energía y un humor que hacían que los demás nos miráramos sonriendo sin poder evitarlo. Un buen tipo, de los que uno se alegra de encontrar en un B&B perdido en los Alpes.
Miércoles 25 — La Pierre d’Oran a Mas d’Azil: el día del calor y los 400 metros que no olvidaré
617 kilómetros, ocho horas en realidad.El día malo. El día de los kilómetros. 650 kilómetros por autopista porque hay que llegar a casa en algún momento, y este era el día elegido.

Lo que no sabía es que iba a ser el día de calor más intenso del año en Francia.Llegué al B&B Source Nature, en Mas d’Azil, cerca de Saint-Girons. Al acercarme vi un cartel escrito a mano indicando cómo llegar. Google Maps también señalaba un camino de tierra a la derecha.Después de ocho horas de autopista con calor, un camino de tierra no era exactamente lo que quería ver.

Pero me metí.Pasé un puentecillo de tablas que hacía clán-clán-clán con cada movimiento. Avancé unos cien metros. Y entonces vi lo que me esperaba: una pista con piedras gordas — de esas donde la rueda delantera va por donde quiere y tú detrás — subiendo fuerte con una curva cerrada a la derecha. Tipo Tourmalet, pero de tierra. A 35 grados.

Paré. Llamé a Muriel, la dueña.— Estás a solo 400 metros — me dijo con calma. — Después de la curva sigue subiendo recto pero puedes dejar la moto abajo, donde estás es de nuestra propiedad. Te vengo a buscar. Y sobre todo, no te estrese.No sé por qué lo hice. No lo sé. Decidí subir con la moto.No lo volvería a hacer.Casi quemé el embrague. Me paré tres veces en la subida. Me iba de un lado a otro entre las piedras. En cada parada la rueda trasera patinaba al intentar arrancar. Fueron 400 metros que se hicieron eternos.Llegué arriba destrozado. Y entonces vi lo que me esperaba: unos bungalows espectaculares construidos a mano por Marc, el marido de Muriel. Todo al aire libre, sin cerraduras, con telas, integrado en el bosque. Precioso de verdad.
Esa noche estaba solo con ellos dos. La cena estaba prevista a las siete y media — empezamos a las nueve. Con Muriel — sofrologa, persona muy leída, viajada e instruida — la conversación se fue alargando de la mejor manera posible.Marc y Muriel viven de forma completamente autónoma: placas solares, batería y generador, sin conexión a la red eléctrica. Dos manantiales en sus 50 hectáreas para el agua. Cultivan casi todo, y lo que no tienen lo compran a los agricultores vecinos. Bosques propios, silencio total, una manera de vivir que uno mira con respeto y con algo de envidia.La bajada al día siguiente fue más fácil. Pero también un poco too much.Un sitio donde volver, sin duda. Dejando la moto abajo.
Jueves 26 — Mas d’Azil a Zaragoza: el último día
415 kilómetros, ocho horas y media en realidad. El último día

El de llegar a casa. No hay mucho que contar de los días que uno solo quiere terminar — autopista, kilómetros, la cabeza ya en casa. Lo que sí hay es esa sensación particular del último día de un viaje largo: una mezcla de alivio y de algo que todavía no quiere acabar.Llegué a Zaragoza. Aparqué a Lola. Subí a casa.Dos sema nas, varios países, un barco, un Galibier improvisado, 9 kilómetros de miseria en una carretera yugoslava, 400 metros de piedras que casi cuestan el embrague, una pareja de 81 años en los Alpes y una sofrologa en un bosque de Ariège. Y Medjugorje en el medio. Que se queda conmigo.

Recursos y recomendaciones
Medjugorje, Bosnia — para el que quiera entender el lugar antes de ir. Vale la pena leer sobre ello con calma.
Col du Galibier — uno de los grandes del ciclismo y del motorismo alpino. Las últimas dos curvas son de las que se recuerdan.
La Pierre d’Oran, L’Argentière — B&B en los Alpes, cerca de Briançon. Nueva dueña, mismo encanto. Y cenas con gente interesante garantizadas.
Source Nature, Mas d’Azil — bungalows hechos a mano, vida autónoma y conversaciones que se alargan. Dejad la moto abajo. Os lo digo en serio.
Carretera Sinj-Knin, Croacia — la verde del Michelin que cumple lo que promete. Lagos, asfalto y silencio.
MeteoFrance — consultadla siempre. Aunque ese día de calor extremo en Francia no había manera de evitarlo.
🏍️ Moto por los Balcanes: de Zaragoza a Bosnia pasando por Francia, Italia y Croacia

Hola Juan, vaya palicita que te has metido.
Sitios muy chulos, algunos los conozco.
Pues bienvenido de nuevo!!!!
Un besazo
Gracias María !
Que bueno ver que has coronado el galiber!