Glacier park (MT) to Colville (MT), rodando por la frontera con canada

“Actualizado en mayo de 2026 con nueva información sobre la preparación del viaje.”

2023 USA, Dia 9, Julio 7

El plan: escapar por el norte

Cuando llegó el momento de pensar en el camino de vuelta a Seattle, JP y yo teníamos claro una cosa: no queríamos repetir ruta. Volver por Walla Walla, por donde habíamos venido, no era una opción. Así que miramos el mapa y la respuesta apareció sola: irnos por el norte, bordeando la frontera con Canadá, siguiendo la Highway 2.

El destino del día era Colville, una ciudad de apenas 5.000 habitantes que, increíblemente, era la más grande de toda la ruta. Dos hoteles en el pueblo. Uno libre. El Benny’s Colville Inn nos esperaba. 

En Washington todos con casco .. alehop !

La regla de oro: gasolina siempre que puedas

Salimos por la mañana con una regla que habíamos aprendido rápido en este viaje: echar gasolina cada vez que vieras un surtidor, sin importar cuánto llevaras en el depósito. Por estos parajes, nunca sabías cuándo aparecería el siguiente.

A eso de las 10 de la mañana paramos en una estación que era básicamente un surtidor solitario en medio de la nada, con algo de comida dentro. Solo gasolina, ni rastro de diésel. Era eso o eso, así que fue eso.

Nuestras motos aguantaban bien —350 kilómetros a velocidad de crucero—, pero en cuanto JP pisaba más el acelerador, el consumo se disparaba. Su moto siempre gastaba algo más que la mía, curiosamente, y eso que yo peso bastante más que él. Misterios de la mecánica.

Bonners Ferry y el taco más pequeño del menú

Al mediodía paramos a comer en Bonners Ferry, Idaho. 2.500 habitantes, toda una metrópolis para la zona. Vimos un restaurante mexicano y entramos sin dudarlo.

JP pidió unas fajitas. Yo, con mi habitual prudencia ante las raciones americanas, pedí el taco más pequeño que encontré en la carta: 9 dólares. Porque una ensalada César en un mexicano no era una opción.

Calle principal … Mejicano .. adentroooo

Lo que llegó a la mesa era un monstruo.

Alucinante la cantidad ! Si no quiere pues se lo deja, algo haremos, me dijo el camarero.
JP acertó con que pidió, y estaba feliz

Como teníamos por costumbre, le preguntamos al dueño si conocía el pueblo donde íbamos a dormir esa noche. Estaba a 150 kilómetros. No había oído hablar de él. El 90% de la gente con la que hablábamos en estos pueblos nunca había salido de su ciudad. Algunos ni siquiera habían ido a los restaurantes del pueblo de al lado. Del trabajo a casa, y de casa al trabajo. Así se las gastaban por allí.

Nos os recuerda este camión a la película Caligula donde los carros llevaban este tipo de armamento en las ruedas? Pues aquí las llevan, no problem.

Terrorífico el pasar rozando …
Una delicia de recorrido, una imagen vale más que 1000 palabras !

Colville: una calle, bocacalles, y todo muy recto

Llegamos al hotel, como casi todos los días, sobre las 16:30 o 17:00. Colville es básicamente eso: una calle principal, alguna bocacalle, y recto. Todo muy recto.

Lo que sí tiene su historia son las calles anchas. Cuentan que se diseñaron así para que los carruajes tirados por 16 caballos —los que transportaban troncos de madera— pudieran girar sin problema. Todo tiene su explicación.

La madera, la agricultura y el turismo son los pilares de la economía local. Los “Timbers” están por todas partes. Y por las calles, la gente que veíamos era muy distinta a nosotros: rancheros con sombrero de cowboy, barbas de chivo que parecían estar de moda, algún motero solitario con el casco puesto —obligatorio en Washington— aunque no muy equipado que digamos.

Colville, dispuestos a “hidratarnos”, como dice JP

El Acorn Saloon y el dueño del Porsche

Después de un paseo por el pueblo, acabamos en el sitio del lugar: el Acorn Saloon & Feeding Station. Nuestro acento delataba inmediatamente que no éramos de allí, y la conversación arrancó sola.

El dueño acababa de volver de Seattle con un Porsche de segunda mano bastante especial. Nunca compraba nada nuevo, dijo. Cuando le contamos que éramos moteros, añadió casi de pasada que también tenía una Ducati Monster, aunque la usaba poco.

JP y yo nos miramos. ¿Cómo podía un pub con diez mesas, donde todos los clientes eran locales menos nosotros, generar suficiente dinero para ese estilo de vida? La respuesta estaba en parte en el sueño americano, y en parte en la camarera: una máquina humana que iba a 3.500 revoluciones, limpiando y recogiendo sin parar. Estábamos sentados en la barra, y cuando llegaba con los vasos, tiraba los hielos directamente al fregadero con tal velocidad que salían disparados por la barra hacia nosotros. Era Speedy González, pero de Colville.

JP aprovechó para pedir una hamburguesa de bisonte. No le gustó demasiado. Las Guinness, en cambio, estuvieron sorprendentemente bien. Que tuvieran Guinness allí ya era todo un milagro.

La llamada antes de dormir

De vuelta al hotel andando, y antes de irme a dormir, llamé al Hotel Mt. Baker en Concrete para confirmar las reservas del día siguiente. Todo en orden.

JP había comprado unas latas de agua con gas. Nos tomamos un Oban con hielo en las mesas del desayuno del hotel, como si fuera el salón de casa.

Al día siguiente nos esperaba una de las grandes atracciones del viaje: la Highway 20.

📍 Recursos y recomendaciones

🍺 Acorn Saloon & Feeding Station — El bar del pueblo. Pide una Guinness y habla con el dueño.

🏨 Benny’s Colville Inn — El único hotel razonable en Colville. Cómodo y bien situado.

🌮 Restaurante mexicano en Bonners Ferry — Pide el taco más pequeño del menú. Y aun así, viene grande.